jueves, 16 de abril de 2020

El Cuerpo de Bomberos de Maipú.


El Cuerpo de Bomberos de Maipú (CBM) 




 El Cuerpo de Bomberos de Maipú (CBM) corresponde al Cuerpo de Bomberos de Chile que opera en las comunas de Maipú y Cerrillos, en Santiago de Chile. Fue fundado el 21 de mayo de 1954. Actualmente esta conformado por 9 compañías que desarrollan diversas labores, como la extinción de incendios, el rescate vehicular y el manejo de materiales peligrosos.



Mapa de los Cuerpos de Bomberos de la ciudad de Santiago de Chile.



Mapa  de los Cuerpos de Bomberos de la ciudad de Santiago de Chile




Cuerpos de Bomberos en Santiago de Chile
     Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa     Cuerpo de Bomberos de Santiago
     Cuerpo de Bomberos de Maipú     Cuerpo de Bomberos Metropolitano Sur
     Cuerpo de Bomberos Conchalí-Huechuraba     Cuerpo de Bomberos de Quilicura
     Cuerpo de Bomberos de La Granja     Cuerpo de Bomberos de San Bernardo
     Cuerpo de Bomberos de Puente Alto     Cuerpo de Bomberosde Quinta Normal


Un bombero.




Un bombero es un profesional que se ocupa de combatir los incendios y de asistir a las víctimas de diversos tipos de emergencias, como accidentes de tráfico, derrumbes, inundaciones o derrames químicos. La palabra bombero proviene de bombas hidráulicas, ya que antiguamente se usaban bombas hidráulicas para obtener agua de fuentes cercanas al lugar del incendio. El edificio donde los bomberos guardan su material, descansan y esperan ser llamados para actuar se llama «cuartel o estación de bomberos»

Historia

Época romana

Hay muchas evidencias históricas de acciones de grupos de personas organizados contra incendios, pero las pruebas más antiguas de lo que podemos comparar con un cuerpo de bomberos actual aparecen con los romanos. En 2004, unos arqueólogos alemanes, bajo la dirección de Bernd Paeffgen, descubrieron en el valle del Rin, lo que fue descrito como una bomba de agua de 1650 años de antigüedad.
 El equipo contaba además con un tubo delgado de 1.10 que iba unido a la bomba. Inicialmente confundida con una lanza, las pruebas posteriores revelaron que se trataba de un conducto o manguera.

Se atribuye al primer emperador César Augusto la creación oficial del primer cuerpo de bomberos organizado en Roma. Sin embargo años antes, un rico y ambicioso aristócrata llamado Marco Licinio Craso (su riqueza provenía de los bienes raíces y el alquiler inmobiliario) había organizado una especie de servicio contra incendios de Roma, pero también organizó las primeras brigadas de «incendiarios» de las que se tiene referencia en la Historia, asegurando así que sus «bomberos» tuvieran siempre trabajo, y siendo estos controlados por el cruel Craso, no les daba orden de apagar el incendio si el dueño del territorio o construcción no lo vendía a precio de renta en ese instante.
 Así, la gente prefería ganar el dinero de la venta injustamente, que quedarse una casa o parcela devastadas.

Compañías de bomberos

Los primeros cuerpos de bomberos modernos solían ser compañías privadas dedicadas al control de los incendios, como es el caso de la Union Fire Company, fundada por Benjamin Franklin. No fue hasta a mediados del siglo XIX cuando pasó de ser un ámbito empresarial a ser departamentos públicos del Estado.

Organización

La mayoría de los bomberos pertenecen a cuerpos de titularidad pública y pueden ser de dos tipos: asalariados y voluntarios. También existen bomberos privados (como FALCK en Dinamarca), bomberos forestales, cuerpos de bomberos en fábricas y empresas (como los bomberos de Empresas Petroleras) y cuerpos de bomberos dedicados a las áreas universitarias, que generalmente colaboran en investigaciones científicas en pro de la profesión, además de desempeñar las labores típicas de un cuerpo de bomberos.

En el caso de España (En las comunidades autónomas de Andalucía, Comunidad Valenciana, Extremadura, etc.) se puede señalar que hay bomberos municipales (del ayuntamiento), de los consorcios de la diputación provincial o comunidad autónoma, otros de los aeropuertos nacionales (AENA), bomberos forestales y finalmente existen los bomberos militares (UME). 


El patrimonio que no se ve: Los túneles y subterráneos que esconden la historia de Santiago.




El libro “Santiago subterráneo” revive la historia de pasadizos olvidados del centro de la capital donde conviven relatos jesuitas, fantasmas urbanos y episodios recientes de la historia chilena.

Fabián Escobar

Viernes 19 de diciembre de 2025

Un Santiago que no se ve, y que, por lo mismo, muchas veces no existe para la ciudad, es el que recorre la periodista Daniela Améstica en “Santiago subterráneo”, libro que se adentra en túneles, pasadizos y subterráneos repartidos por el centro histórico y otros barrios emblemáticos de la capital.

Se trata de un registro del inframundo santiaguino que mezcla investigación periodística, memoria oral y crítica patrimonial, revelando espacios que han sido olvidados, sellados o derechamente destruidos por el paso del tiempo y la falta de cuidado.

La publicación invita a descubrir corredores ocultos que, según registros históricos y testimonios, conectan edificios como el Palacio de La Moneda, la Catedral de Santiago, el Portal Fernández Concha, el Instituto Nacional y el Teatro Municipal. También se interna en los subterráneos del cerro Santa Lucía, los pasadizos del Paseo Phillips y los secretos del barrio República, donde se cruzan la masonería, la arquitectura Belle Époque y episodios de la dictadura, todo bajo tierra.

La génesis del proyecto está ligada al trabajo previo de Améstica en turismo patrimonial. Hace casi una década, a través de su agencia "Viajes Ikigai", comenzó a investigar y guiar recorridos por lugares de difícil acceso, alejados de los circuitos tradicionales.

“Me empecé a dar cuenta de que había muchas historias que no se conocían, pero que merecían ser contadas", señala. Ese proceso fue dando forma a una investigación de largo aliento, en la que la Biblioteca Nacional se transformó en una aliada clave para contrastar relatos que, en un inicio, parecían puro mito.

Según la autora, el libro se construye a partir de relatos de conserjes, historiadores, sacerdotes y vecinos, además de hallazgos arqueológicos, leyendas de túneles jesuitas, pasadizos sanitarios y episodios marcados por el amor y la tragedia. Desde el Centro de Santiago hasta el Cementerio General, pasando por el Ex Congreso Nacional, la Universidad de Los Lagos y el Instituto Psiquiátrico, cada capítulo propone mirar la ciudad desde una perspectiva inusual y, muchas veces, inquietante.

En ese cruce entre mito y realidad, la autora opta por un criterio claro: documentar lo que pudo comprobar y desmentir lo que no tenía sustento, sin descartar que muchas leyendas se originan en hechos reales. “Yo diría que hay más de verdad que de mentira”, afirma, destacando que el libro es el reflejo fiel de lo que vivió durante años de investigación.

Uno de los casos que Santiago subterráneo rescata y que se aleja de los circuitos más conocidos es el del edificio ubicado en Estado 215, en plena esquina de calle Estado con Agustinas. Levantado sobre los terrenos donde antiguamente estuvieron las caballerizas de Catalina de los Ríos y Lisperguer, la temida Quintrala, el inmueble quedó asociado a una densa carga simbólica, alimentada por relatos de fantasmas, tesoros ocultos y episodios que lo han convertido en un punto recurrente del llamado turismo paranormal en el centro de Santiago.

Para Daniela Améstica, este tipo de espacios “no emblemáticos” resultaron especialmente reveladores durante su investigación. “Más allá de los edificios emblemáticos, me atrapé en los edificios no emblemáticos como Estado 215, que está rodeado de muchos misterios”, explica.

La autora subraya que no todas las historias del libro transcurren en túneles propiamente tales, sino también en subterráneos de edificios de uso cotidiano, donde hoy funcionan consultas médicas, bares o comercios.

La gente pasa por ahí todos los días y no tiene idea de lo que ha ocurrido abajo, y no son historias del siglo XIX, sino de la historia relativamente reciente del país, de los noventa para adelante”, advierte, reforzando la idea de un Santiago oculto que sigue latiendo bajo la superficie.

PATRIMONIO INVISIBLE

Más allá del atractivo narrativo, "Santiago subterráneo" instala una crítica directa al abandono de este patrimonio invisible. Según Améstica, la mayoría de los túneles y accesos se encuentra cerrado, en malas condiciones sanitarias o en riesgo de derrumbe. “Cuidado patrimonial, cero”, resume, apuntando a la inexistencia de una política pública destinada a preservar estos espacios. Como no se ven, sostiene, no existen para la ciudad ni para sus autoridades.

“Se trata de un patrimonio subterráneo que no se ve y como no se ve entonces no existe, y no es así. Entonces la gente se sorprende cuando conoce la historia de estas construcciones, que se nos escondieron porque no estaban bien mantenida, muchas han sido utilizadas como bodega, otras se han cerrado, otras han tenido mal uso, otras se han derrumbado con el tiempo”, comentó la periodista.

La intención final del libro es, precisamente, dejar un registro antes de que muchos de estos lugares desaparezcan definitivamente. “Sé que el destino de varios de estos espacios va a ser el derrumbe o el olvido. Quise dejar un legado, demostrar que existen y que no son un mito”, explica la autora, con la esperanza de que el interés ciudadano impulse, en algún momento, su protección.


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